Cuando un proyecto nace con una idea clara, cada decisión cuenta. Así lo explica Martín Ceballos, fundador del Centro de Entrenamiento Rayo, un espacio creado para personas que buscan entrenar con mentalidad de atleta, sin importar la disciplina deportiva.
Desde el inicio, Martín tenía definido algo fundamental: Rayo no sería un gimnasio tradicional, sino un centro de entrenamiento dirigido, con una identidad visual y funcional muy específica. Y dentro de ese concepto, la iluminación no era un elemento decorativo, sino una herramienta clave para reforzar la experiencia del espacio.
El proyecto del Centro de Entrenamiento Rayo nació con una idea muy clara desde el primer momento. Para Martín Ceballos, su fundador, el objetivo no era crear un gimnasio tradicional, sino un espacio de entrenamiento dirigido, pensado para personas que buscan entrenar con mentalidad de atleta, sin importar la disciplina deportiva que practiquen.
Desde el inicio, Martín tenía definido el tipo de experiencia que quería construir. Para lograrlo, se apoyó en referencias visuales que le ayudaron a identificar no solo la estética del espacio, sino también el tipo de iluminación que necesitaba. La luz formaba parte del concepto general del proyecto: debía acompañar el entrenamiento, reforzar la identidad del lugar y responder a la forma en la que el espacio iba a ser utilizado.
Más que elegir luminarias, el enfoque estuvo en definir el concepto y entender cómo la iluminación podía integrarse a él de manera coherente.
Antes de llegar a An Light Solutions, Martín ya había hablado con distintos proveedores. El problema no era la falta de opciones, sino la desconexión entre las propuestas y el concepto que tenía en mente.
Recibió presupuestos elevados y soluciones que no correspondían con lo que estaba buscando. A pesar de tener claro el tipo de espacio que quería construir —y el presupuesto con el que contaba—, muchas propuestas parecían ignorar por completo esa información.
Fue a través de Instagram que encontró a Anlight. Decidió probar, aun sin una referencia previa directa, y desde el primer contacto notó una diferencia clara: el proyecto partió de escuchar antes de proponer.
“Yo llegué y dije: quiero esto”, recuerda Martín. A partir de ahí, el proceso fluyó. No se trató de imponer una solución predeterminada, sino de tomar la idea inicial como base y empezar a construir sobre ella. Hubo ajustes, mejoras y propuestas nuevas, pero siempre alineadas al objetivo original del proyecto.
Esa capacidad de adaptarse sin perder el rumbo fue lo que marcó la diferencia. Aunque el resultado final evolucionó respecto a la idea inicial, terminó siendo exactamente lo que Martín estaba buscando desde el inicio.
Más allá del diseño y la ejecución técnica, uno de los aspectos que más valora Martín del proceso fue la forma en la que el equipo de An Light Solutions se involucró en el proyecto.
Durante todo el desarrollo, hubo algo que se mantuvo constante: nunca apareció el “no se puede”. Incluso en situaciones que no estaban directamente relacionadas con la iluminación, siempre hubo disposición para apoyar, resolver y hacer que las cosas sucedieran.
Desde ayudar en tareas adicionales hasta adaptarse a las necesidades del momento, el equipo mostró una actitud de colaboración real. Para Martín, ese nivel de involucramiento marcó una diferencia importante frente a otros proveedores con los que había trabajado antes.
A esto se sumaron elementos clave para cualquier proyecto: puntualidad, comunicación clara y una disposición constante para coordinar tiempos y avances. “Nos vemos a tal hora” significaba exactamente eso, algo que para él es fundamental cuando se está construyendo un espacio desde cero.
Esa combinación de actitud, acompañamiento y compromiso convirtió el proceso en algo fluido, donde el proveedor no solo ejecuta, sino que se integra como parte activa del proyecto.
Para Martín, uno de los puntos más importantes al desarrollar un proyecto es que las decisiones sean coherentes con la realidad del negocio. Crear un espacio desde cero implica trabajar con un presupuesto definido, y encontrar proveedores que lo respeten no siempre es sencillo.
En su experiencia, muchas propuestas anteriores se alejaban por completo de lo que estaba buscando: presupuestos tres, cuatro o hasta cinco veces más altos, sin una justificación clara ni relación directa con el concepto del proyecto. Por eso, uno de los mayores valores que encontró en An Light Solutions fue sentirse escuchado como cliente.
La propuesta final logró un equilibrio claro entre costo y calidad. Hasta ahora, el sistema de iluminación funciona correctamente y cumple con lo esperado, confirmando que el precio ofrecido corresponde con la calidad instalada. Para Martín, esa coherencia fue clave para avanzar con confianza en el proyecto.
Más allá del resultado inmediato, el Centro de Entrenamiento Rayo tiene una visión de crecimiento ambiciosa. El proyecto contempla una expansión nacional e internacional, con planes para llegar a Centroamérica, Estados Unidos y Europa.
Dentro de esa visión, Martín destaca algo fundamental: los proyectos no solo se construyen con un equipo interno, sino también con los proveedores que acompañan el proceso. Por eso, su recomendación es total y clara, con la intención de seguir trabajando juntos en futuras etapas del crecimiento de Rayo.
“Cuando vas armando un proyecto, vas armando un equipo. Y eso también incluye a los proveedores”.
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